Pamela Meneghello

Pomelo Rosado

31.5.13

Ineludible

Y entonces, lo entendí.  
A cualquier parte que yo vaya, él está. Cuanto más me alejo, más cerca. Podría ser succionada por un agujero negro o viajar al centro de la tierra, pero a donde sea, él va conmigo... Solo que no lo sabe a ciencia cierta.
Intenta continuamente y sin descanso ser mi único Dios, formar parte de  mi secta bipersonal, ser el sol en el centro de mi galaxia, mi ley mosaica. En realidad, quizás no él en el sentido estricto del término, sino su recuerdo. Y me desbordo en la angustia, de verdad.
Le echo toda la culpa al fantasma idealizado -de él- que tengo en mi cabeza, la maldita rebelde que se posa arriba de mi cuello reúne todo lo bueno de él y lo amplifica, lo esparce; en cambio, hace todo lo opuesto con su lado defectuoso, ya que sus defectos quedan disminuidos hasta dejar de existir. Mi mente selecciona los mejores recuerdos, y encajona al resto. 
Mientras yo no use mi sentido de realidad para corroborar que mis fantasías están totalmente desacertadas, voy a seguir en el mismo patético estado de ensoñación.
Creo que me gusta, me siento cómoda en él, hasta algunas veces incluso me olvido de porqué estoy sola.
QUIERO QUE ÉL VUELVA; NO ME IMPORTA CÓMO, DONDE NI PORQUÉ, MIENTRAS VENGA.

15.5.13

Agridulce

A mitad de camino me siento a pensar. Lo que se busca no siempre coincide con lo que se necesita en el espacio-tiempo concreto. Todavía estoy a tiempo de dar marcha atrás y empezar a moverme en sentido contrario. 
Dejar caer una pieza que está junto a una hilera podría desatar un efecto dominó, pero a veces es difícil prever los acontecimientos cuando se desconocen las interconexiones dinámicas que se desenvuelven simultáneamente al hecho que está por ocurrir, en cuestión.
¿Cómo alguien podría saberlo? 
¿Quién podría haber resuelto el enigma que se abre paso ante nuestros ojos?
Mis pies pueden avanzar, o pueden seguir en donde están. Pero no sé la decisión está a mi alcance, no siento tenerla entre mis brazos. Mi decisión es la consecuente respuesta de tu -aún desconocida- causa. 
Todavía desconcertada, no me sobreviene mejor acción que respirarte encima la mayor parte de mis días, por más alejada que esté geográficamente en tu radar. Estoy empapada en tus perturbaciones, abrigada con tus deseos, tiritando por tu trato, prendiendome fuego con vos. O mejor dicho, prendienome fuego por vos. Me estoy consumiendo frente a tu persona, mientras permaneces impoluto.
Si algo te estuviese atando a mí, entonces yo sostendría ese hilo rojo de mi dedo meñique hasta el final de los días y las noches. Pero no hay nada, mis manos están tan desoladas como tu corazón.
De tener una carta mágica que me proporcionara señales, de tener desarrollada la intuición, yo no estaría hundiéndome con pesadumbre en el pantano de la inseguridad. 
La era del progreso indefinido de la ciencia nos dejó con más dudas que respuestas. 
De algo podría estar segura...
no voy a salir triunfante de esta estupidez.