A mitad de camino me siento a pensar. Lo que se busca no siempre coincide con lo que se necesita en el espacio-tiempo concreto. Todavía estoy a tiempo de dar marcha atrás y empezar a moverme en sentido contrario.
Dejar caer una pieza que está junto a una hilera podría desatar un efecto dominó, pero a veces es difícil prever los acontecimientos cuando se desconocen las interconexiones dinámicas que se desenvuelven simultáneamente al hecho que está por ocurrir, en cuestión.
¿Cómo alguien podría saberlo?
¿Quién podría haber resuelto el enigma que se abre paso ante nuestros ojos?
Mis pies pueden avanzar, o pueden seguir en donde están. Pero no sé la decisión está a mi alcance, no siento tenerla entre mis brazos. Mi decisión es la consecuente respuesta de tu -aún desconocida- causa.
Todavía desconcertada, no me sobreviene mejor acción que respirarte encima la mayor parte de mis días, por
más alejada que esté geográficamente en tu radar. Estoy empapada en tus
perturbaciones, abrigada con tus deseos, tiritando por tu trato,
prendiendome fuego con vos. O mejor dicho, prendienome fuego por vos. Me
estoy consumiendo frente a tu persona, mientras permaneces impoluto.
Si
algo te estuviese atando a mí, entonces yo sostendría ese hilo rojo de
mi dedo meñique hasta el final de los días y las noches. Pero no hay
nada, mis manos están tan desoladas como tu corazón.
De tener una carta mágica que me proporcionara señales, de tener desarrollada la intuición, yo no estaría hundiéndome con pesadumbre en el pantano de la inseguridad.
La era del progreso indefinido de la ciencia nos dejó con más dudas que respuestas.
De algo podría estar segura...
no voy a salir triunfante de esta estupidez.
no voy a salir triunfante de esta estupidez.