Pamela Meneghello

Pomelo Rosado

1.12.10

New Moon

-¿Tu… no me quieres?—intenté expulsar las palabras, confundida por el modo como sonaban, colocadas en ese orden.
-No.
Le miré, sin comprenderle aún (…).
Miró a lo lejos, entre los árboles, cuando volvió a hablar.
-En cierto modo, te he querido, por supuesto, pero lo que paso la otra noche me hizo darme cuenta de que necesito un cambio. Porque me he cansado de intentar ser lo que no soy. (…) He permitido que esto llegara muy lejos y lo lamento mucho.
-No—contesté con un hilo de voz; empezaba a tomar conciencia de lo que ocurría y la comprensión fluía como ácido por mis venas-- No lo hagas.
Se limitó a observarme durante un instante, pero pude ver en sus ojos que mis palabras habían ido demasiado lejos. Sin embargo, él también lo había hecho.
-No me convienes, Bella.
[…] Abrí la boca para decir algo, pero volví a cerrarla. Aguardó con paciencia. Su rostro estaba desprovisto de cualquier tipo de emoción. Lo intenté de nuevo.
-Si… eso es lo que quieres.
Se limitó a asentir una sola vez.
Se me entumeció todo el cuerpo. No notaba nada por debajo del cuello.
-Me gustaría pedirte un favor, a pesar de todo, si no es demasiado—dijo.
Me pregunté qué vería en mi rostro para que el suyo se descompusiera al mirarme, pero logró controlar las facciones y recuperar la máscara de serenidad antes de que yo fuera capaz de descubrirlo.
-Lo que quieras—prometí, con la voz ligeramente más fuerte.
[…] -No hagas nada desesperado o estúpido—me ordenó, ahora sin mostrarse distante-- ¿Entiendes lo que te digo?
Asentí sin fuerzas.
[…] -Lo haré—murmuré.
Él pareció relajarse, pero solo un poco.
-Te haré una promesa a cambio—dijo--. Te garantizo que no volverás a verme. No regresaré ni volveré a hacerte pasar por todo esto. Podrás retomar tu vida sin que yo interfiera para nada. Será como si nunca hubiese existido.
[…] Durante un momento creí que él también se acercaba, pero sus manos heladas se cerraron alrededor de mis muñecas y las inmovilizaron a mis costados. Se inclinó para acariciar ligeramente mi frente con los labios durante un segundo apenas perceptible. Se me cerraron los ojos.
-Cuídate mucho—sentí su frío hálito sobre la piel.
Abrí los ojos de golpe cuando se levantó una ligera brisa artificial. Las hojas de una pequeña enredadera de arce temblaron con la tenue agitación del aire que produjo su partida.
Se había ido.
[...]


OCTUBRE


NOVIEMBRE


DICIEMBRE


ENERO


FEBRERO


El tiempo pasa incluso aunque parezca imposible, incluso a pesar de que cada movimiento de la manecilla del reloj duela como el latido de sangre al palpitar detrás de un cardenal. El tiempo trascurre de forma desigual, con saltos extraños y treguas insoportables, pero pasar, pasa. Incluso para mí.


[...] Será como si nunca hubiese existido. Las palabras atravesaban mi mente (...) Sólo eran palabras, sin sonido, como las letras impresas en una página. Sólo palabras, aunque rasgaran y mantuvieran el hueco del pecho bien abierto (...)
Me pregunté cuánto más podría durar esto. Quizás algún día, dentro de unos años, si el dolor disminuía al punto de ser soportable, me sentiría capaz de volver la vista atrás hacia esos pocos meses que siempre consideraría los mejores de mi vida. Y ese día, estaba segura de que me sentiría agradecida por todo aquel tiempo que me había dado, más de lo que yo había pedido y más de lo que merecía. Quizás algún día fuera capaz de verlo de este modo.
Pero ¿y que ocurriría si este agujero no llegaba a cerrarse nunca? ¿Y si las heridas en carne viva jamás se curaban? ¿Y si el daño era permanente, irreversible?
Me rodee el cuerpo con los brazos y apreté con fuerza. Como si nunca hubiese existido, pensé con desesperación. ¡Cómo había sido capaz de hacer una afirmación tan estúpida y tan absurda! Podía haber robado mis fotos y haberse llevado sus regalos, pero aún así, nunca podría devolver las cosas al mismo lugar donde habían estado antes de que le conociera. (...) Yo había cambiado, mi interior se había alterado hasta el punto de no ser reconocible. Incluso mi exterior parecía distinto, tenía el rostro cetrino, a excepción de las ojeras malvas que las pesadillas habían dejado bajo mis ojos, unos bastante oscuros en contraste con mi piel pálida; tanto, que si yo hubiera sido hermosa y se me miraba desde una cierta distancia, podría pasar ahora por un vampiro. Pero yo no era hermosa, y probablemente guardaba más parecido con un zombi.
Como si nunca hubiese existido. Menuda locura. Aquélla fue una promesa que él no podía mantener, una promesa que se rompió tan pronto como la hizo."

No hay comentarios:

Publicar un comentario