Llegué media hora tarde, aunque el taxi no costó tanto como creí (lo que no significa que no haya sido bastante doloroso pagarlo). Bien me adentré al lugar me encontré con todos mis compañeros, quienes habían estado llamándome mientras yo ignoraba totalmente al resto del mundo con mi celular configurado en timbre silencioso. Por momentos supuse que todo lo que pasé durante la tarde realmente había valido la pena. Qué mejor que un casamiento festejando con amigos, no? Bueno... la verdad, NO.
Las mujeres estaban hermosas, sin excepción alguna... salvo yo. Comparada con el resto de mis compañeras facultativas, me sentía una burla a su producción. Es increíble cómo de un segundo a otro pasas de representarte visualmente en tu mente como un ángel resplandeciente a darte cuenta en frente del espejo colgado en el baño del salón que tenés más en común con un travesti de lo que imaginabas.
Realmente no sé cómo no morí de hipotermia esta noche... Alguien debería explicarme cómo sigo viva habiendo pasado semejante frío (exagero, lo sé). Durante toda la fiesta me arrepentí de no haber agarrado esa maldita tira de ibuprofeno y guardármela en la cartera, por que mi cerebro empezó a rebelarse contra la tranquilidad que yo intentaba sin éxito alcanzar, y varias veces en el transcurso del festejo mis neuronas quisieron estallar dentro de mi cabeza.
La gran, gran, gran barra libre -que pensé iba a ser mi salvadora del 26 de septiembre- alegremente te servía una variedad de tragos y bebidas alcohólicas. Sí! fernet, daiquiri, champagne, whisky y creo que hasta vodka con speed... pero por alguna miserable razón insustancial, nadie me servía lo que yo mas necesitaba: cerveza. Aunque tengo que hacer una salvedad: los vasos tenían luces de colores (fue lo más original del lugar). Hubo mesas dulces, mesas saladas, picadas y todo lo más rico que se te pudiese ocurrir, pero me cayó como una patada al estómago.
Mis pies latían al ritmo de mi corazón, hinchándose y haciéndome imposible seguir con esos altos y mutiladores stilettos puestos. Encima los demás me obligaron a bailar, con toda la buena onda... pero me obligaron. Pasaron dos veces la canción esa que dice "quien es esa chica, vestida de rojo" y, maldita sea, justamente ese era el color de mi vestido! Así que imagínenselo.
Quise mandarles señales de auxilio desesperadas a una amiga, pero claro, como era de esperarse, me había quedado sin crédito esa misma noche y tuve que descubrirlo en medio de la fiesta al reenviar mil y un veces miserables mensajes que nunca llegaron a destino.
Más de una vez en la ronda de baile se pudo vislumbrar mi ropa interior negra a causa de los volados. A todo esto, en mi fuero interno no podía dejar de preguntarme si horas atrás, mi progenitora con sus agresiones realmente estuvo queriendo angustiarme la existencia sólo por no bastarle el haber arruinado su propia vida o tal vez es ella tan estúpida que decidió casualmente cagarme justo en el momento en que creí que nada peor me podía faltar.
Quizás les resulte chistoso lo que voy a contar a continuación, pero les aseguro que para mí no lo es. Todo mi curso me cargosea con un amigo, y en el casamiento no podían hacer excepción. Ambos fuimos víctimas, pero me pareció que yo fui la que sufrió más. Las torturas chinas son inclusive más piadosas. Están tan convencidos de que vamos a terminar juntos que creo que si algún día eso llega a pasar, va a ser gracias a su implacable insistencia y a su empeño en graduarse de celestinos.
Me volví temprano por que no tenía más opción. Procuré que mi amargura no estropease la alegría de nadie. Me incliné a mirar el lado positivo a mis sucesos y me auto-convencí, al fin, de que a pesar de todas mis desventuras no toqué fondo. Hace dos años dejé de usar la endemoniada buclera por haberme quemado un mechón; supongo que hubiese sido terrible freirme el pelo media hora antes de llegar al brindis. Mi rimmel de Lucy Anderson, por muy hipoalergénico y fortificador que fuera, me dejaba unos pegotes en las pestañas que no quedaban para nada sexy. Y las medias Silvana, tan lindas que se veían, sinceramente nunca me podrían haber abrigado demasiado de todas formas... Busqué consuelo al pensar que la piel de las piernas de una chica de 20 años es lo suficientemente joven y suave como para andar cubriéndola con medias, no? Dejémosle las can can a las viejas.
Ya a la vuelta dentro del taxi, junto a una compañera y su novio que no paraban de hablar sobre el reciente casorio, no pude evitar pensar en todo el largo tiempo que vengo aguantándome las ganas de llorar.
lei solo las primeras oraciones de cada parrafo y entendi como fue. Probalo! hacelo con los textos de la facu!
ResponderEliminarjajajajajjajajajajjajajajajajjaja
ResponderEliminaramiga, amiga ... !!!!
ResponderEliminarcreo que edité esta puta entrada al menos 20 veces, y sigo repitiendo palabras. No puedo redactar como la gente...
ResponderEliminarAUNQUE SOY LA UNICA QUE PUEDE ESCRIBIR TANTAS CURSILERIAS SEGUIDAS Y SEGUIR SIENDO ROCK :P
qué porquería soy, ya tuve que corregirlo una vez mas ¬¬
ResponderEliminarTu veux pleurer? Espero que ya no!
ResponderEliminarPor empezar y respecto de la cerveza, si no hay warsteiner, no hay porrón que valga. Era una señal, Steph. Tenés que hacerte amiga del whiskey.
Se me terminaron las ganas, porque ya lo hice :P
ResponderEliminarquien es sopfie bon cun? parece un flaco!
ResponderEliminarTomasito Suller ???
ResponderEliminarJajajajja!
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